ANAFORA DE SAN BASILIO
S: Existente, Señor, Dios Padre omnipotente y adorado, digno y verdaderamente justo y conveniente es alabar la magnificencia de tu santidad, alabar, bendecir, adorar, dar gracias, glorificarte a ti el único Dios realmente existente, y ofrecerte con corazón contrito y espíritu de humildad este nuestro culto racional, ya que nos has dado la gracia de conocer tu verdad.
¿Y quién está en grado de referir tus obras poderosas, hacer oír tus alabanzas y narrar todas tus maravillas en cada instante?
Oh soberano del universo, Señor de cielo y tierra y de toda criatura conocida y no conocida. Tu sentado sobre el trono de gloria vigilas sobre el abismo, sin comienzo, invisible, incomprensible, incircunscrito, Tu el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, gran Dios y Salvador, esperanza nuestra, Él es la imagen de tu bondad, sello igual al modelo, en Él mismo te revelaste de por sí, Padre; y verbo viviente, Dios verdadero, sapiencia primera de los siglos; y vida santificante, potencia, luz verdadera. En la que el Espíritu Santo se ha manifestado, Espíritu de la verdad, carisma de adopción, garantía de la herencia futura, primicia de los bienes eternos, fuerza vivificante, fuente de la Santidad; toda criatura racional e inteligente, recibe de tu vigor, te sirve y ensalza el perpetuo canto de gloria, ya que toda realidad está a tu servicio. En efecto te alaban los ángeles, los arcángeles, los tronos, las dominaciones, los principados, las virtudes, las potestades y los querubines de múltiples ojos. Te asisten a tu alrededor los Serafines, sea uno, sea otro. Con sus pies cubiertos envueltos en sus alas; clamando uno a otro con labios incansables y con cánticos de gloria nunca silenciosa.
Entonando el himno de la victoria, exclamando proclamando y diciendo.
C: Santo, Santo, Santo Señor del Sabahot…
M E M O R I A L
S: Con estas bienaventuradas potestades, soberano amigo de los hombres, aún nosotros pecadores clamamos y decimos: Santo verdadera y totalmente Santo, y no tiene medida la magnificencia de tu Santidad; y eres leal en toda tu obra, porque con justicia y verídico juicio has dispuesto todo: Has formado al hombre del barro de la tierra, y le has honrado con tu imagen y le has puesto en el paraíso del gozo; y le has dado la promesa de la inmortalidad de vida y el gozo de los bienes eternos en la observancia de tus preceptos; pero por haberte desobedecido a ti, su creador y verdadero Dios, haberse sometido al engaño de la serpiente ha incurrido en la muerte y a causa de su mismo extravío, Tu Dios le has expulsado del paraíso con la justa sentencia a este mundo, volviendo a la tierra de donde salió, pero disponiendo para él una economía de salvación, de regeneración en tu mismo Cristo. No habiendo rechazado por consiguiente hasta el fondo de la criatura que habías hecho, Oh bondadoso, no te has olvidado de la obra de tus manos, antes le has visitado de tantos modos con el pálpito de tu misericordia; has mandado profetas; has hecho actos poderosos a través de tus Santos en cada generación y has hablado por boca de tus siervos los profetas preanunciando la salvación próxima, has dado así mismo la ley y la has puesto a custodia de ángeles. Y cuando llegó la plenitud de los tiempos has hablado por tu mismo hijo, por medio del cual has hecho además el siglo.
Él es el reflejo de tu gloria y la imagen misma de tu persona. Él gobierna toda la realidad con la potencia de su palabra, no ha retenido con rapiña ser igual a ti Dios Padre, antes, siendo Dios pre-eterno se ha hecho visible sobre la tierra y ha conversado con los hombres y encarnándose de la Virgen Santa, se ha vaciado de sí mismo, asumiendo la forma de siervo, deviniendo conforme al cuerpo a nuestro humilde estado para hacerlo conforme a la imagen de su gloria. Desde que por medio de un hombre el pecado ha entrado al mundo, y por medio del pecado la muerte, el hijo tuyo unigénito, para que Él existente en el seno de ti Dios Padre, nacido de una doncella, la Santa Deípara y siempre Virgen María, naciendo según la ley, ha revelado el beneplácito de condenar al pecado en la propia carne para que, cuantos encuentran la muerte en Adán sean vivificados en Él mismo, en tu Cristo; y Él viniendo a este mundo, dando mandatos de salvación y apartándose del error de los ídolos, nos ha llevado a conocerte, verdadero Dios y Padre, adquiriendo para sí un pueblo elegido, sacerdocio real, Nación Santa; y purificado en el agua y santificado en el Espíritu Santo, se ha dado a sí mismo a cambio de la muerte en la que estábamos atrapados, enajenados en el poder del pecado, ha bajado por medio de la Cruz al infierno, para llenar de sí toda la realidad, ha disipado el dolor de la muerte y resucitando al tercer día ha abierto para toda carne el camino de la resurrección de los muertos, porque no era posible que el dispensador de la vida quedase en poder de la corrupción, él ha venido a ser primicia de los que duermen, primogénito de los muertos, por haber él mismo recibido el primado sobre todo y en todo; Él ascendió al cielo, y se sentó a la diestra de Tu Majestad en las alturas, y ahora vendrá a retribuir a cada uno según sus obras; Él ha dejado como memorial de su pasión salvífica, estos actos que habíamos presentado en tu presencia, según sus preceptos.
En efecto mientras estaba para salir al encuentro de su muerte voluntaria, alabada y vivificante en la noche en que se entregó a sí mismo por la vida el mundo, tomó el pan en sus Santas y puras manos, lo elevó a Ti Dios Padre, dándote gracias pronunció la bendición, lo santificó, lo partió diciendo: Tomad y comed: Este es mi cuerpo, que por vosotros es partido para la remisión de los pecados.
C: Amén
Del mismo modo después de cenar, tomó el cáliz diciendo: Bebed todos de él: ella es mi sangre, la del nuevo Testamento, que por vosotros y por muchos es derramada para la remisión de los pecados.
Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz anunciáis mi muerte y confesáis mi resurrección.
Recordando por consiguiente Oh Soberano, de sus padecimientos salvíficos, de la Cruz vivificante, de la sepultura de tres días, de la resurrección de los muertos, de la ascensión al cielo, de la entronización a la diestra de Dios Padre Y de su segunda venida tremenda y gloriosa.
O N
SO OE
S: Lo tuyo de los tuyo, te lo ofrecemos por todo y por todos
C: Te alabamos, te bendecimos, te glorificamos…
E P I C L E S I S
Por tanto, Soberano todo Santo, también nosotros pecadores e indignos siervos tuyos, a los que has consentido oficiar en tu Santo altar, no por gracia de nuestros actos de justicia (pues nada bueno habíamos hecho sobre la tierra); Pero gracias a tu misericordia e indulgencia que has derramado copiosamente sobre nosotros, con ánimo nos acercamos a su Santo Altar y en Él te presentamos los anti-tipos del Santo Cuerpo y Sangre de tu Cristo, nosotros te rogamos, te invocamos Oh Santo de los Santos, para que con el beneplácito de tu bondad venga tu Santo Espíritu sobre nosotros y sobre estos dones presentados, Él los bendiga, los Santifique y los eleve.
Invocación del Espíritu Santo
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